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“La tecnología revolucionará el microcrédito”
El País - Enero 26 de 2009
María Otero, presidenta de Acción Internacional, evalúa el futuro de las microfinanzas en América Latina y sus obstáculos en la actual crisis financiera. Por Alfredo García Sierra ¿Qué tanto podría afectar la actual turbulencia financiera al microcrédito en América Latina? En el campo de las microfinanzas todavía no estamos enfrentando los problemas que trae la crisis. En América Latina, el microempresario pobre no tiene inversiones en los sistemas de capital y no se vincula aún con la banca tradicional. Maneja un nivel muy local y produce en su barrio o en lugares cercanos. En las entidades de microfinanzas que requieren de créditos para operar ya se ve un cierto apretón que tiene dos impactos: el primero es que van crecer menos rápido los préstamos frente a lo proyectado este año. En el caso de Acción Internacional, que tiene presencia en Latinoamérica y en Asia, y cuyas operaciones han crecido el 30%, esta vez lo hará apenas en 15% o 20%. Y en segundo lugar, los préstamos que usaban los bancos de microfinanzas y que venían de los mercados de capital, ahora tendrán que volcarse hacia la CAF y el BID para que puedan llenar ese vacío que se va a experimentar. Aún así, no creo que el sistema financiero frene o perjudique de una manera fundamental a las organizaciones de microfinanzas. ¿Por qué el desarrollo del microcrédito es aún incipiente en nuestro Continente, a pesar de que es una herramienta para combatir la pobreza? La microfinanza es relativamente nueva en el Continente. Acción Internacional empezó en 1973 y nos pasamos experimentando hasta 1990 viendo cómo se podía hacer el trabajo en este campo para llegar a un modelo sostenible. La primera entidad de microfinanzas, creada en Bolivia en 1992, fue el Banco Sol, por lo que tenemos muy poco tiempo haciendo este trabajo. Hoy existen 50 millones de microempresas, y el poder llegar a ellas es importante, aunque la penetración en las mismas es del 15%. ¿Pero qué tanta responsabilidad les cabe a los gobiernos en el atraso de este modelo que ya ha mostrado sus beneficios? Los problemas para fomentar este tipo modelo no son sólo de los gobiernos, que pueden establecer un marco regulatorio. La capacidad de servicios puede crecer sólo en la medida en que se cuente con las personas especializadas, las instituciones y los sistemas internos. Esa complejidad es lo que hace que se demore un poco el llegar a más gente. Sin embargo, vemos una evolución importante con la introducción de la tecnología que nos va a ayudar a aumentar los préstamos con tarjetas de crédito y nuevos canales de distribución a través de pequeños negocios, como farmacias y tiendas. Se está experimentando incluso con el teléfono celular, sobre cómo hacer transacciones financieras usando este medio. Dentro de cinco o diez años la introducción de la tecnología revolucionará las microfinanzas de una manera muy importante. Pero falta mucho camino por recorrer. ¿Cómo avanzar en un marco regulatorio en América Latina para que las entidades de microfinanzas no sean tratadas bajo las mismas condiciones que la gran banca? Se necesita tener superintendentes o agentes para trabajar en todo el marco legal, para que los gobiernos entiendan la importancia de regular las microfinanzas, y no forzarlas a que se manejen de una manera no regulada a través de las Organizaciones No Gubernamentales, que tienen mucho mérito pero que acusan demasiadas limitaciones. Ese trabajo se debe ejecutar a partir de las enseñanzas y los modelos exitosos en países con buena regulación y el impacto que han tenido. No es complejo, pero en muchos países se carece de gente capacitada en supervisión y no hay recursos para estudiar las operaciones de un banco de microfinanzas con 80.000 clientes, por ejemplo, y establecer si esa vigilancia es la correcta. Esa supervisión debe ser muy distinta a la de un banco tradicional con 4.000 clientes. Ademas, se deben aplicar varios principios, entre ellos el que no haya un techo en la tasa de interés, que exista un capital mínimo y unas provisiones adecuadas al modelo. Hay áreas que se pueden mejorar mucho. ¿Cómo está Colombia hoy en microfinanzas frente a otros países? Todavía tiene un camino por recorrer. En otros países se ha hecho un buen trabajo. Bolivia fue el país que marcó el inicio de la era de las microfinanzas en 1992, mientras Brasil y México están caminando en el desarrollo del microcrédito. En Colombia hay avances, pero todavía existe un techo en la tasa de interés que, a veces, lleva a que estas entidades dejen de otorgar préstamos muy pequeños a la gente, porque resultan caros en su administración. Y si la tasa de interés no permite subir los costos, eso limita la irrigación de esos créditos. ¿De qué manera se puede rescatar a los más pobres y a las microempresas de las garras de los usureros y del llamado ‘gota a gota’? Los bancos de microfinanzas son una solución a través de créditos rápidos, al entender la actividad productiva del microempresario y cobrarle intereses menores. El usurero no pide documentos y entrega el dinero rápido, pero no le permite a una microempresa lograr cierto nivel de riqueza ni el uso de utilidades para el bien de la familia. Se va con todas ellas. Por eso las microfinancieras tienen que conceder préstamos sin mayores requisitos y convertirse en la opción de muchos negocios. Pero no vamos a deshacernos de los usureros ni de los prestamistas hasta tanto no tengamos una cobertura del 100%. ¿Qué les pide a los banqueros tradicionales, refinados y caros, para que se bajen un poco del pedestal y consideren que también con los pobres pueden hacer negocios? Es muy difícil pedirle a un banco que modifique de repente sus estrategias e incursione en las microfinanzas. Cualquier gran banco que busque llegar a las microempresas debe planificar una estrategia y contratar a profesionales especializados. Incluso crear unidades separadas de negocios, pero evidentemente deberá reconstruir sus políticas para la administración de los riesgos y las garantías. En Colombia, están los casos del Banco Caja Social y el Bancolombia que están intentando incursionar en este mercado. ¿Qué tan cumplidas son las personas pobres con las instituciones de microcrédito? Los asesores han desarrollado la capacidad de entender el nivel de pago de cada cliente. Ellos van a las microempresas, ven los inventarios y su movimiento comercial y con base en eso establecen el flujo de caja que poseen. Y sobre esa base se establecen parámetros para otorgar los préstamos. La pérdida en el caso de Acción Internacional oscila apenas entre el 2% y el 2,5% cada año. De allí que la tasa de cumplimiento sea más alta. En pocas palabras "El auge del microcrédito en América Latina ha sido muy importante, pero falta mucho camino por recorrer. Es un modelo útil, aunque no es la única salida contra la pobreza”. María Otero, presidenta de Acción Internacional. Perfil María Otero Nacionalidad: boliviana. Trayectoria: Inició su trabajo en Acción Internacional en 1986 como directora en Honduras. Forma parte de los directorios de tres entidades: Mibanco en Perú, BancoSol en Bolivia y Compartamos en México. Y también en el Brac, la entidad microfinanciera más respetada de Bangladesh.
Galardones: En 1994 el presidente Bill Clinton la nombró como presidenta del Consejo de la Fundación Interamericana, cargo que ocupó hasta el año 2000. En el 2005 la revista Newsweek la reconoció como una de las 20 mujeres con más influencia en los EE.UU.
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