Bancos y crisis
Ángela Cuevas de Dolmetsch
El País (Página Web) - Enero 30 de 2009
La crisis económica mundial está sirviendo, entre otras cosas, para que perdamos el temor reverencial a bancos y entidades financieras y empecemos a exigir que éstos se democraticen. En Colombia, cuando los bancos estaban a punto de sucumbir en 1998, bajo las presiones del Upac y de créditos impagables, el Gobierno se ideó el 2 x 1.000 como un impuesto sui generis para los movimientos bancarios y entre todos recaudamos $1,9 billones que, con la ayuda del Fogafin, salvaron el sistema financiero sin necesidad de que el Gobierno hiciera inversiones millonarias en infraestructura, como parece que lo va a hacer el presidente Obama o nacionalizara el sistema financiero, como lo está haciendo Inglaterra. Hubiera sido conveniente y apenas justo que ese 2 x 1.000 se convirtiera en acciones y que todos los que obedientemente lo hemos pagado nos beneficiáramos de las jugosas utilidades del sistema bancario.
Este gran esfuerzo que hemos hecho los colombianos no pareciera curar la omnipotencia de los bancos, que continúa cerrando sus puertas a los pobres y a todos aquellos que dentro de la legalidad no pertenecen a la rosca. David Murcia tuvo caldo de cultivo para que la gente invirtiera en su millonario esquema, que aún nadie sabe si es verdaderamente ilegal y que sigue teniendo paralizado el Putumayo, donde la gente no se resigna a perder sus ahorros que seguramente el sistema bancario no quiso recibir o la tasa de intermediación era tan alta que dejó de ser atractiva.
En días pasados y entusiasmada por el congreso de microcrédito, me fui a un banco de los que se especializan en financiar vivienda, buscando un crédito para que las mujeres de la ecoaldea Nashira, que viajan a España a recoger fruta durante la cosecha y regresan a nuestro país con no pocos euros, recibieran un préstamo ya fuera individual o colectivo para construir sus casas. Cual no sería mi sorpresa al escuchar al funcionario sentado en un escritorio de millones de pesos, en una de las tantas construcciones fastuosas que caracterizan a los bancos, informarnos que el préstamo que buscábamos era demasiado pequeño y que no les interesaba vivienda de interés social, pues en otras latitudes se quedaron con dos mil lotes. ¿No será que con unos intereses tan escandalosos la gente no alcanza a pagar? He visto mujeres en Ciudad Talanga, ahorcadas por intereses que crecen exponencialmente, destruir las viviendas antes de permitir que los abogados bancarios se la rematen. Hay algo definitivamente extraño en el sistema financiero, ¿o es un servicio público o es un lucrativo negocio y a quién le sirve?